Lo que comenzó como un simple descuido terminó marcando un antes y un después para la comunidad de Quinticusig. Tras dejar olvidado durante varios días un balde lleno de mortiños, la fruta fermentó de manera natural y despertó la idea de elaborar vino, dando origen a un emprendimiento que hoy representa con orgullo al cantón Sigchos.
Actualmente, el vino de mortiño se produce en los páramos de Quinticusig, donde el trabajo conjunto de la comunidad ha permitido transformar un recurso silvestre en una importante fuente de ingresos. Más de cincuenta familias participan de forma directa en esta actividad, que además genera empleo para jóvenes profesionales y adultos mayores, mientras sus productos ya se comercializan en supermercados de distintas ciudades del país.
Hace aproximadamente cinco años, la iniciativa surgió con el propósito de mejorar las condiciones económicas de la comunidad aprovechando el abundante mortiño de la zona. Con el crecimiento del proyecto, esta fruta pasó de venderse a precios muy bajos durante la temporada de colada morada a convertirse en un producto de mayor valor y demanda, incluso requiriendo abastecimiento desde otros cantones.
La producción ha alcanzado un ritmo de hasta 1.200 botellas diarias, convirtiendo al vino de mortiño en uno de los productos más representativos de Sigchos y en un ejemplo de economía comunitaria sostenible.
El proyecto también ha contado con el respaldo de las autoridades locales. Entre las iniciativas impulsadas se encuentra la integración de la Ruta del Mortiño con destinos turísticos como los Ilinizas, la Laguna del Quilotoa, Isinliví y Chugchilán, buscando fortalecer el turismo y promover el desarrollo económico de la zona.
Gracias al esfuerzo de sus habitantes y al apoyo del GAD Municipal de Sigchos y del GAD Provincial de Cotopaxi, Quinticusig ha obtenido reconocimientos como el Premio Verde y continúa ampliando su oferta con proyectos de hospedaje comunitario, generando nuevas oportunidades para sus habitantes y consolidando su atractivo turístico.
